21.10.09

No creo en las casualidades y Kerouac me habla desde el más allá


En unas semanas me voy de viaje y estuve pensando qué libro elegir para leer entonces. Quería que sea un libro que me movilizara, me conmoviera, me llenara de regocijo y me acompañara, como hace todo buen libro. Finalmente me decidí por "En la carretera, el rollo mecanografiado original", de Jack Kerouac. Lo estaba buscando en la librería Prometeo, en la sección de Anagrama, pero no podía encontrarlo, así que agarré en su lugar "La vanidad de los Duluoz". El simpático vendedor, que bebía cerveza junto a sus amigos por el cumpleaños de alguien, se me acercó y me dio "En la carretera..." mientras decía algo así como "está éste también; es caro, pero vale la pena". Me pareció una señal y me llevé los dos, además de la poesía completa de Zelarrayán. Eso fue el viernes.
Claro que la semana pasada estaba inmersa en la lectura de otro libro, aunque no muy apasionada, y decidí dejar a Kerouac para después. Anoche a la madrugada, inesperadamente, tuve unas ganas inmensas de leerlo. Me acosté con la lluvia de fondo y decidí que no importaba empezar puntualmente en el viaje con la nueva versión (o la vieja, mejor dicho) de "En el camino". Y esta mañana, en la sala de espera del médico, seguí. Y esta noche, de regreso del trabajo, seguí también.
De pura emocionada, recién me metí en Internet a buscar unas fotos de Kerouac (tengo la costumbre de buscar fotos de los autores que leo para verles la cara en el momento en que son mis amigos y... bueno, a Kerouac ya lo conozco pero me gusta mucho así que no me cansa verlo) y descubrí algo que me pareció increíble: hoy se cumplen exactamente 40 años de su muerte. En periodismo a eso le llamamos Número redondo, un aniversario de esos que amerita hacer una nota. Fuera del periodismo yo le llamo Energía. O no. Para ser sincera, acabo de ponerle nombre ahora; en verdad no sabría cómo describir ese tipo de conexión trascendental.

10 comentarios:

Luchi dijo...

Me conmueven esos encuentros. Este año andaba buscando a Lemebel por Parque Rivadavia sin éxito y una vendedora me sugirió a Caicedo. Era época de Bafici y había una película sobre él, que ya había marcado en la grilla sin saberlo. Después hubo una charla de Luis Ospina. Fue un mes a puro Andrés. No se si tiene que ver pero me hizo acordar, la sensación de que teníamos que encontrarnos en ese momento.
A todo esto, no puedo ir el sábado. Pero quiero conseguir tu libro, ¿cómo hago?
Un abrazo.

Oli dijo...

Hola Cé! la verdad, hacía mucho que no entraba por tu blog y fue hoy chequeando el correo de estos dias, que vi lo de tu libro! a mi kerouac estos días no deja de hablarme tampoco, no se muy bien por qué; desde the book of blues, desde los vagabundos del Dharma... y es desde ahi que me da sus felicitaciones para tí! por lo de tu libro claro! conexiones trascendentales seran.

y sobre la reaccion opuesta, alguna forma de conseguirlo si uno no se puede pasar por lo del sabado?

besos! ah y que todo salga muy bien en la presentación! y pues en tu viaje tambien!!

mala praxis dijo...

Seguimos con las conexiones: yo también estoy leyendo En el camino y mi mamá me mandó hoy una nota sobre los cuarenta años de su muerte.
Es esta: http://www.guardian.co.uk/books/booksblog/2009/oct/21/jack-kerouac
Que sea muy feliz la presentación de tu libro, un beso.

mala praxis dijo...

de la muerte de kerouac, no la muerte del camino porque el camino, como toda gran obra literaria o como entidad simbólica, nunca muere.

cosasimpropias dijo...

numero redondo, mira vos

Mana, la dijo...

Sisisi...es energia y de la mas pura!!

Anónimo dijo...

"Energia" calza perfecto. Finalmente, se trata del ímpetu, que es lo mas importante...

La Criatura dijo...

entonces ya que vas a viajar, animate con un "en la ruta" criollo, y en vez de jazz, pappo.

terrorluzdia dijo...

la magia de las casualidades!

te felicito por tu nuevo hijo, ceci. si algun dia nos cruzamos por el cosmos quiero una copia!
lleva uno en la cartera siempre, por las dudas (?)

abi aka sal paradise dijo...

qué intenso, kerouac transmite algo que no se puede poner en palabras, es como un mundo que ya no está pero que a la vez celebra una familiaridad intoxicante y adictiva.